Lo esencial de Sierra de Ayllón

  • • Hayedos de Tejera Negra, Patrimonio de la Humanidad UNESCO desde 2017
  • • Pueblos de arquitectura negra construidos íntegramente en pizarra local
  • • Pico del Lobo a 2.273 m, la cota más alta de Guadalajara
  • • Lagunas glaciares y circos de origen cuaternario en alta montaña
  • • Avistamiento de águila real y buitre leonado en los cortados del río Lillas

Descripción

La Sierra de Ayllón se extiende por el extremo nororiental de la provincia de Guadalajara, penetrando en Segovia y Madrid, como un macizo montañoso que alcanza los 2.273 metros en el pico del Lobo. Sus laderas, labradas por la erosión glaciar del Cuaternario, albergan circos y lagunas de origen glaciar —como las lagunas de los Pájaros y de Peñalara Chica— que delatan un pasado geológico intenso. El sustrato, compuesto por gneises, cuarcitas y pizarras del Paleozoico, aflora en crestas afiladas y canchales que contrastan con los fondos de valle tapizados de robledales y hayedos. Los ríos Lillas, Jarama y Sorbe nacen en estas cumbres y descienden por gargantas estrechas donde la roca desnuda alterna con bosques de ribera de alisos y sauces.

Los hayedos de Tejera Negra, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2017 dentro de la red de hayedos europeos, constituyen uno de los bosques de haya (Fagus sylvatica) más meridionales de Europa. En otoño, el dosel del hayedo se tiñe de ocres y cobrizos mientras el suelo cruje bajo una alfombra de hojas caídas que huele a tierra húmeda y madera. Junto a las hayas conviven robles melojos (Quercus pyrenaica), acebos, tejos centenarios y abedules que colonizan las zonas más húmedas de las vaguadas. En primavera, los prados de alta montaña por encima de los 1.800 metros se salpican de narcisos y gencianas, y el deshielo alimenta cascadas efímeras que desaparecen con los primeros calores de junio. La masa forestal cubre más de 400 hectáreas solo en el entorno de Tejera Negra, a las que se suman las extensiones de Montejo de la Sierra y la vertiente segoviana.

La fauna refleja la posición biogeográfica de transición entre la meseta castellana y el Sistema Central. El corzo pasta al amanecer en los claros del bosque, mientras el jabalí remueve la hojarasca en busca de bellotas y raíces. Rapaces como el águila real y el buitre leonado patrullan los cortados rocosos del río Lillas, donde también anidan el halcón peregrino y el alimoche en las repisas más inaccesibles. En los arroyos de cabecera, la trucha común mantiene poblaciones estables gracias a la calidad de aguas que rara vez superan los 12 °C en verano. El lobo ibérico, aunque esquivo, ha sido detectado en las zonas más remotas del macizo en los últimos censos, y la nutria ha recolonizado tramos del río Jarama donde la contaminación ha disminuido en las últimas dos décadas. En las noches de verano, el chotacabras europeo canta desde los brezales de media ladera.

Los pueblos de arquitectura negra —Majaelrayo, Campillejo, Roblelacasa, El Espinar y Campillo de Ranas— deben su nombre al uso de la pizarra local como material constructivo. Casas, muros, iglesias y hasta las lajas que cubren los tejados comparten esa tonalidad oscura que se funde con el paisaje circundante. Estos núcleos, que llegaron a quedarse casi despoblados en la década de 1970 con censos de apenas 10 o 15 habitantes, han experimentado una lenta recuperación gracias al turismo de naturaleza y a programas de rehabilitación de viviendas tradicionales. Hoy puedes recorrer rutas señalizadas que conectan estos pueblos en etapas de entre 8 y 15 kilómetros, con desniveles moderados de 300 a 600 metros, pasando por fuentes de agua potable y antiguos molinos de piedra que salpican los cursos fluviales.

La tradición ganadera pervive en la trashumancia menor que aún se practica entre los valles y los pastos de altura. Durante el mes de junio, algunos rebaños de vacas avileñas ascienden a los puertos por cañadas que llevan siglos en uso. La miel de brezo, producida en colmenas repartidas por los matorrales de ladera, es uno de los productos gastronómicos más valorados de la comarca, junto con la carne de caza y las setas que brotan en los robledales tras las lluvias de otoño. Los fines de semana, los pueblos acogen pequeños mercados artesanales donde se pueden adquirir quesos, embutidos y artesanía en pizarra tallada a mano.

Información práctica

Todo lo que necesitas saber para tu visita a Sierra de Ayllón

Cómo llegar
Desde Madrid (130 km), tomar la A-1 hasta Buitrago del Lozoya y continuar por la CM-1001 hacia Riaza o desviar por la GU-186 hacia Majaelrayo. Desde Guadalajara capital (90 km), seguir la CM-101 por Cogolludo hasta Tamajón. La carretera GU-211 conecta los pueblos de arquitectura negra. No hay transporte público regular; se recomienda vehículo propio.
Información del área
Centro de Interpretación de Tejera Negra en Cantalojas. Alojamientos rurales en Majaelrayo, Campillo de Ranas y Tamajón. Restaurantes con cocina serrana en los pueblos principales. Red de senderos señalizados con paneles informativos.
Geografía
Macizo del Sistema Central oriental. Altitudes entre 900 y 2.273 m (Pico del Lobo). Sustrato paleozoico de gneises, cuarcitas y pizarras. Circos glaciares cuaternarios, valles fluviales encajados y canchales de bloques.
Flora y fauna
Hayedos meridionales (Fagus sylvatica) en Tejera Negra, robledales de melojo (Quercus pyrenaica), tejos centenarios y abedules. Fauna: corzo, jabalí, lobo ibérico, águila real, buitre leonado, trucha común en arroyos de cabecera.

Qué hacer

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Preguntas frecuentes

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Sí, entre junio y noviembre es obligatorio reservar plaza de aparcamiento a través de la web de la Junta de Castilla-La Mancha, ya que el aforo está limitado a 250 vehículos diarios. Fuera de esas fechas el acceso es libre, aunque conviene consultar el estado de la pista forestal en invierno porque puede cerrarse por nieve o hielo.
La ruta circular completa que conecta Majaelrayo, Campillejo, Roblelacasa, El Espinar y Campillo de Ranas suma unos 18 kilómetros con aproximadamente 500 metros de desnivel acumulado. A ritmo moderado se completa en unas 5-6 horas caminando, aunque muchos visitantes prefieren dividirla en dos etapas con parada en alguno de los pueblos.
La ruta más habitual al Pico del Lobo (2.273 m) parte del Puerto de la Quesera y tiene unos 12 km ida y vuelta con 600 metros de desnivel. No presenta dificultad técnica en verano, pero requiere buena forma física y orientación básica, ya que algunos tramos carecen de señalización clara. En invierno se necesitan crampones y piolet obligatoriamente.
Sí, Majaelrayo y Campillo de Ranas cuentan con varias casas rurales con capacidad de entre 4 y 12 personas. También hay un albergue en Cantalojas y opciones en Tamajón. Conviene reservar con antelación en otoño (temporada alta por los hayedos) y en puentes festivos, ya que la oferta es limitada y la demanda ha crecido en los últimos años.
El lobo ibérico está presente en la zona, pero los avistamientos son extremadamente raros debido a sus hábitos nocturnos y esquivos. Las mejores posibilidades se dan al amanecer en las zonas más remotas del macizo, especialmente entre los valles del Lillas y del Jarama. Lo más habitual es encontrar indicios indirectos como huellas y excrementos en los senderos de montaña.