Lo esencial de Parque Natural de Izki

  • • Robledal de melojo más extenso del País Vasco con 3.500 hectáreas continuas
  • • Hábitat del pico mediano, pájaro carpintero con apenas 40-60 parejas ibéricas
  • • Cuevas artificiales de Marquínez excavadas en arenisca desde la Edad Media
  • • Villa amurallada de Antoñana con puertas originales del siglo XIII
  • • Temporada micológica con boletus, rebozuelos y setas de cardo en otoño

Descripción

El Parque Natural de Izki se extiende sobre 9.143 hectáreas en la vertiente sur de la Montaña Alavesa, al sureste de la provincia de Álava. Su joya botánica es el robledal de Quercus pyrenaica (melojo o rebollo) más extenso del País Vasco y uno de los mayores de toda la cornisa cantábrica, con más de 3.500 hectáreas de masa continua que cubre las laderas entre los 600 y los 1.000 metros de altitud. En primavera, cuando las hojas jóvenes despuntan con un verde pálido casi translúcido, el bosque adquiere un aspecto luminoso que contrasta con la oscuridad del tronco rugoso de los robles centenarios.

El sustrato geológico del parque alterna areniscas, margas y calizas del Cretácico inferior, con afloramientos de conglomerados que forman pequeños cortados y resaltes en las zonas más elevadas. El río Izki, que da nombre al espacio, discurre por el fondo de un valle suave y se alimenta de una red de arroyos que nacen en las laderas boscosas. Las zonas húmedas del parque incluyen turberas y áreas encharcadas donde el musgo esfagnáceo tapiza el suelo y el agua rezuma entre juncos y helechos. La surgencia de Antoñana, a los pies del parque, mantiene un caudal constante que ha abastecido durante siglos a la villa medieval del mismo nombre, cuyo recinto amurallado conserva dos puertas originales del siglo XIII.

El pico mediano (Dendrocoptos medius), un pájaro carpintero de tamaño medio con la cabeza roja y el pecho listado, encuentra en los robledales de Izki una de sus escasas poblaciones ibéricas. Se estima que entre 40 y 60 parejas reproductoras dependen de los viejos robles con cavidades naturales donde nidifican cada primavera. Junto a él conviven otras aves forestales como el trepador azul, el agateador común y el mito. Las rapaces dominan los cielos abiertos sobre los claros del bosque: el abejero europeo caza avispas en verano, mientras el azor se lanza entre los troncos persiguiendo palomas y arrendajos. En las noches, el cárabo ulula desde las copas más densas. Los mamíferos incluyen corzo, jabalí, gato montés europeo, marta y lirón gris, y las poblaciones de ciervo han aumentado en las últimas dos décadas tras programas de reintroducción.

El entorno humano del parque se articula en torno a pequeñas aldeas y villas medievales que conservan arquitectura de piedra arenisca dorada. Corres, Urarte y Quintana se reparten por los márgenes del bosque, cada una con apenas un puñado de casas habitadas permanentemente. Marquínez, a las puertas del parque, alberga un conjunto de cuevas artificiales excavadas en la arenisca que fueron utilizadas como viviendas, graneros y refugios desde la Edad Media hasta el siglo XIX. Estas oquedades, distribuidas en varios niveles conectados por escaleras talladas en la roca, constituyen uno de los yacimientos trogloditas más singulares del norte peninsular.

La red de senderos del parque supera los 40 kilómetros señalizados, con rutas que varían entre los 4 y los 16 kilómetros. El sendero del robledal de Izki (10 km, circular) atraviesa el corazón del bosque por pistas forestales anchas donde la luz se filtra entre las copas creando un juego de sombras sobre el suelo de hojarasca. La ruta de las cuevas de Marquínez (6 km) combina patrimonio cultural y natural, descendiendo desde las cuevas hasta el río Izki por un barranco umbrío. En otoño, el parque se convierte en territorio de setas: boletus, rebozuelos y setas de cardo brotan bajo la hojarasca húmeda, y los recolectores locales mantienen una tradición de aprovechamiento micológico que se remonta a generaciones.

Información práctica

Todo lo que necesitas saber para tu visita a Parque Natural de Izki

Cómo llegar
Desde Vitoria-Gasteiz (35 km), tomar la A-1 dirección sur y desviar por la A-132 hacia Maestu. Desde Logroño (65 km), acceder por la AP-68 hasta Oyón y continuar por la A-126. El centro de interpretación se encuentra en Korres. Aparcamientos gratuitos en los accesos al parque. No hay transporte público directo.
Información del área
Centro de Interpretación del Parque Natural en Korres. Alojamientos rurales en Maestu, Antoñana y Santa Cruz de Campezo. Restaurantes con cocina alavesa en las villas cercanas. Más de 40 km de senderos señalizados.
Geografía
Vertiente sur de la Montaña Alavesa. Altitudes entre 600 y 1.175 m (Kapildui). Sustrato de areniscas, margas y calizas cretácicas. Valle suave del río Izki, turberas y afloramientos de conglomerados.
Flora y fauna
Robledal de melojo (Quercus pyrenaica) de 3.500 ha, turberas con musgo esfagnáceo, hayedos en umbrías. Fauna: pico mediano (40-60 parejas), azor, abejero europeo, corzo, gato montés, marta, ciervo (reintroducido).

Qué hacer

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Preguntas frecuentes

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El robledal de melojo (Quercus pyrenaica) de Izki es el más extenso del País Vasco y uno de los mayores del norte peninsular, con más de 3.500 hectáreas continuas. Su singularidad reside en que ocupa una posición biogeográfica inusual para esta especie, propia de climas más continentales. Además, alberga una de las escasas poblaciones ibéricas del pico mediano, un pájaro carpintero que depende de robles maduros con cavidades naturales.
Sí, las cuevas artificiales de Marquínez son de acceso libre. Un sendero señalizado de 6 kilómetros parte del pueblo y recorre los diferentes niveles de oquedades excavadas en la arenisca. No se necesita equipo especial, pero conviene llevar calzado con buena suela porque el terreno puede ser resbaladizo tras la lluvia. Los paneles informativos a lo largo del recorrido explican el uso histórico de cada cavidad.
Sí, la recolección de setas en los montes públicos del parque está regulada por el Gobierno Vasco. Se necesita un permiso estacional que se puede obtener online o en los ayuntamientos de la zona. La cantidad permitida suele limitarse a 5 kilogramos por persona y día. Está prohibido usar rastrillos u otras herramientas que dañen el micelio. La temporada principal va de septiembre a noviembre.
Sí, varias pistas forestales del parque están permitidas para bicicletas de montaña. La ruta más popular es la que circunvala el robledal por las pistas principales (unos 20 km), con desniveles suaves. Los senderos estrechos están reservados para peatones, especialmente en las zonas de protección del pico mediano. Se recomienda circular a velocidad moderada para no molestar a la fauna forestal.
Antoñana es una villa medieval amurallada que conserva dos puertas originales del siglo XIII y un trazado urbano prácticamente intacto desde la Edad Media. Sus casas de piedra arenisca, la iglesia de la Asunción y la fuente que se alimenta de la surgencia del parque hacen de la visita un complemento cultural valioso a la jornada en el bosque. La villa se recorre en menos de una hora, pero el paseo tiene un encanto difícil de igualar.