El Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l'Obac ocupa 13.694 hectáreas entre las comarcas del Bages, el Vallès Occidental y el Berguedà, al noroeste de Barcelona. Es el macizo aislado más cercano a la ciudad de Terrassa —se distingue desde cualquier punto elevado de la ciudad— y su silueta queda definida por La Mola, la meseta tabuliforme de arenisca que alcanza los 1.104 metros. A sus pies, los torrentes y barrancos que drenan hacia el Llobregat crean cañones estrechos donde el musgo cubre las paredes durante todo el año y la luz llega filtrada en franjas.
El parque está construido sobre conglomerados y areniscas de origen eoceno que la erosión ha labrado durante millones de años creando un paisaje de acantilados verticales, colinas redondeadas y cavidades kársticas. La cueva de La Mola, frecuentada desde el Neolítico, y el monasterio de Sant Llorenç del Munt —documentado desde el año 950— son los puntos de mayor interés histórico. El monasterio, que puede visitarse a pie desde varios puntos de partida, conserva la iglesia románica prácticamente intacta y ofrece vistas sobre el Bages que abarcan desde Montserrat hasta los Pirineos en días despejados. El interior de la iglesia, de planta basilical de tres naves, mantiene la piedra vista original y una acústica que los grupos de música antigua aprovechan para conciertos puntuales.
La red de senderos supera los 200 kilómetros, con rutas que van desde paseos familiares de una hora hasta travesías de varios días. El itinerario clásico sube desde Can Pobla (El Pont de Vilomara) hasta el monasterio y continúa hasta La Mola en un recorrido de 12 km ida y vuelta con 700 m de desnivel. Para escaladores, las paredes de La Roca del Migdia y Can Sadurní ofrecen cientos de vías de distintos grados, con sectores equipados para escalada deportiva a pocos minutos de los puntos de acceso. La roca de conglomerado, formada por cantos rodados cementados en una matriz de arenisca, ofrece una adherencia particular que exige técnica de pies precisa. El parque es también uno de los enclaves de referencia para la observación de aves rupícolas en la región: el águila perdicera, el halcón peregrino y el buitre leonado nidifican en las paredes más inaccesibles, y desde la meseta de La Mola pueden verse las corrientes térmicas que los buitres aprovechan entre las 11:00 y las 15:00.
El paisaje vegetal varía notablemente entre la cara sur —dominada por matorral mediterráneo con pino blanco, lentisco, coscoja y romero— y la cara norte y los fondos de barranco, donde el robledal y el hayedo fragmentado alcanzan portes más significativos. En otoño, los robles pubescentes del sector de L'Obac atraen a aficionados a la fotografía de naturaleza por la combinación de tonos dorados contra la roca gris de los conglomerados; el pico de color suele darse entre mediados de octubre y primeros de noviembre. En primavera, la floración de la jara pringosa y el romero cubre de blanco y lila las laderas de media altura y el olor impregna los primeros tramos de los senderos expuestos al sol.
Los pueblos que rodean el parque —Mura, Talamanca, El Pont de Vilomara, Rellinars, Sant Llorenç Savall— conservan un carácter rural a pesar de la proximidad a la conurbación de Barcelona. Mura, con sus calles empedradas y sus fuentes, es punto de partida para recorridos por el barranco de L'Obac. Talamanca, donde se celebra una feria medieval cada otoño, ofrece casas rurales con vistas al macizo. Desde Terrassa, el acceso al parque lleva menos de 20 minutos en coche, y la combinación de tren R4 hasta Manresa con autobús local permite llegar sin vehículo propio, aunque con frecuencias limitadas en fin de semana.