El Parque Natural de S'Albufera de Mallorca ocupa 1.708 hectáreas de humedal costero entre los municipios de Muro y Sa Pobla, en el nordeste de la isla. Es el humedal más extenso de las Islas Baleares y uno de los más importantes del Mediterráneo occidental para la migración de aves. Su sistema de canales, lagunas de agua dulce y salobre, cañaverales y prados inundables se extiende desde la línea de dunas de la playa de Muro hasta las tierras de cultivo del interior, formando una franja de entre 2 y 4 km de anchura que funciona como zona de transición entre el mar y la llanura agrícola. Al amanecer, cuando la niebla baja se levanta sobre las lagunas, el sonido simultáneo de decenas de especies de aves —garzas, fochas, cormoranes, aguiluchos— crea una densidad acústica que no se encuentra en ningún otro punto de Mallorca.
S'Albufera ha sido zona de explotación humana desde la época romana. En el siglo XIX, una empresa británica (la New Majorca Land Company) intentó desecar el humedal para convertirlo en tierra de cultivo, excavando la red de canales que todavía estructura el parque: el Gran Canal, de 7 km de longitud, conecta el interior con la desembocadura en el mar por el Pont dels Anglesos. Este canal y sus ramificaciones, aunque creados para el drenaje, terminaron siendo el esqueleto hidrológico que mantiene el equilibrio del humedal. La desecación parcial fracasó, pero dejó la infraestructura de canales y compuertas que hoy se utiliza para gestionar los niveles de agua según las necesidades ecológicas de cada estación.
El parque alberga más de 300 especies de aves registradas, de las cuales unas 64 nidifican en el humedal. Entre las residentes permanentes destacan la garza real, el calamón (Porphyrio porphyrio) —cuya población en S'Albufera es de las más densas de Europa—, el ánade real y la focha común. En migración (marzo-mayo y agosto-octubre), el humedal recibe flamencos, espátulas, agujas colinegras, combatientes y diversas especies de limícolas que utilizan S'Albufera como escala en la ruta migratoria del Mediterráneo. En invierno, los censos registran entre 10.000 y 15.000 aves acuáticas. El águila pescadora (Pandion haliaetus), con unas 20 parejas nidificantes en Mallorca, es avistada con frecuencia sobre las lagunas del parque cazando lisas y anguilas.
La visita se organiza a través de cuatro itinerarios señalizados que suman unos 12 km y conectan los principales observatorios de aves. Los caminos son llanos, de tierra compactada, y discurren entre cañaverales de Phragmites australis que en algunos tramos superan los 3 metros de altura, creando pasillos verdes donde la vista se limita a lo que se abre en cada claro. Los observatorios (hides) son estructuras de madera con ranuras a diferentes alturas que permiten fotografiar las lagunas sin perturbar a las aves. El itinerario del Colombar (3,5 km, 1,5 horas) es el más popular y pasa por cuatro observatorios con vistas a las lagunas principales. El amanecer (primera hora tras la apertura del parque) y las dos horas antes del cierre son los momentos de mayor actividad ornitológica.
El parque no tiene costa directa, pero la playa de Muro —una de las más extensas de Mallorca, con 6 km de arena fina y dunas— forma su límite norte. Esta playa actúa como barrera natural entre el mar y el humedal. Las dunas, restauradas en las últimas décadas tras la presión urbanística, albergan plantas como el lirio de mar (Pancratium maritimum) y el barrón (Ammophila arenaria). El contraste entre la playa turística de Muro y la quietud del humedal, separados por apenas 200 metros de dunas, resume la tensión entre conservación y desarrollo que ha marcado la historia de S'Albufera. La declaración como Parque Natural en 1988 (el primero de las Islas Baleares) frenó la expansión urbanística y estableció el régimen de protección actual, que prohíbe la caza, la pesca y la circulación de vehículos motorizados dentro del perímetro del parque.