En esencia, una ruta de senderismo es un itinerario señalizado que se recorre a pie en un entorno natural, ya sean montañas, bosques o costas. Es una actividad que mezcla el ejercicio físico con el placer de descubrir paisajes, respirar aire puro y desconectar de la rutina.
Descubre qué es una ruta de senderismo
Imagina el senderismo como una conversación con la naturaleza. No se trata de una competición ni de conquistar cimas a toda costa, como ocurre en disciplinas más exigentes como el alpinismo o el trekking de alta montaña. Una ruta de senderismo se centra en disfrutar del camino, siguiendo senderos homologados que garantizan un mínimo de seguridad y te permiten caminar con confianza.
Esta accesibilidad es una de las claves de su enorme popularidad. Familias, grupos de amigos o personas que salen en solitario pueden encontrar una opción que se ajuste a su nivel. De hecho, el interés por esta actividad no para de crecer en España. Un buen ejemplo es el Programa Provincial de Senderos de la Diputación de Sevilla, que llegó a congregar a casi 1.000 personas en solo seis de sus diez jornadas anuales, una cifra que demuestra la altísima demanda de este tipo de ocio.
El senderismo no es solo caminar; es aprender a leer los mapas que la naturaleza ha dibujado en el paisaje, interpretando sus colores, sus sonidos y sus silencios.
Comprendiendo los tipos de trazado
Para empezar tu aventura, es fundamental que entiendas cómo está diseñado un sendero. La forma del itinerario determina toda la logística de tu salida, desde dónde aparcas el coche hasta cómo gestionas el tiempo y el esfuerzo. Los tres tipos de trazado más habituales te ofrecen experiencias muy distintas.
Aquí te presento una tabla sencilla para que visualices cuál se adapta mejor a lo que buscas.
Tipos de trazado en una ruta de senderismo
Una comparativa de los formatos más comunes para ayudarte a elegir según tus preferencias y logística.
| Tipo de Trazado | Descripción | Ideal para |
|---|---|---|
| Lineal (ida y vuelta) | Empiezas en un punto A, llegas a un punto B y regresas por el mismo camino. | Principiantes, ya que conoces el terreno de vuelta, y rutas hacia un punto de interés concreto (un mirador, una cascada). |
| Circular | Comienzas y terminas en el mismo sitio, pero el recorrido forma un bucle. | Salidas donde quieres optimizar la logística, ya que vuelves directamente al coche sin repetir paisaje. Muy práctico y variado. |
| Travesía (solo ida) | La ruta empieza en un punto A y termina en un punto B completamente distinto. | Recorrer grandes distancias, conectar dos valles o pueblos. Requiere una buena planificación del transporte para la vuelta. |
Como ves, cada trazado tiene su momento y su propósito. A continuación, te los explico con un poco más de detalle para que no te quede ninguna duda.
Ruta lineal (ida y vuelta): Este es el formato más sencillo. Te lleva de un punto A a un punto B, y luego vuelves sobre tus pasos. Es perfecto para principiantes porque en el camino de vuelta ya sabes exactamente lo que te espera.
Ruta circular: Empieza y termina en el mismo lugar, pero dibuja un bucle, así que el paisaje siempre es nuevo y la experiencia más dinámica. Son muy cómodas a nivel logístico, porque te dejan justo donde empezaste.
Travesía (solo ida): Este tipo de ruta conecta un punto A con un punto B distinto. Son geniales para cruzar una sierra o unir dos pueblos, pero te exigen pensar en cómo vas a volver al punto de partida, ya sea con dos coches o usando transporte público.
Elegir el tipo de ruta de senderismo adecuado es el primer paso para una experiencia segura y gratificante. Si quieres profundizar más, echa un vistazo a nuestros artículos de senderismo, donde encontrarás muchos más consejos.
Cómo entender los niveles de dificultad de una ruta
Escoger una ruta que está por encima de tus posibilidades es la receta perfecta para pasarlo mal en la montaña. Y esto no va de presumir de kilómetros, sino de disfrutar del camino. Por eso, saber leer la dificultad real de una ruta de senderismo es fundamental para que cada salida sea segura y, sobre todo, un placer.
Que no te engañe la distancia. Una ruta corta puede ser un auténtico rompepiernas si el terreno es técnico o la pendiente, infernal. La dificultad se apoya siempre sobre tres pilares: la distancia total, el desnivel acumulado y el tipo de terreno. Cuando aprendes a manejar estos tres conceptos, ganas la confianza para elegir siempre la aventura que de verdad te apetece.
Los tres factores clave de la dificultad
Para analizar bien una ruta, hay que desmontarla en estas tres piezas. Cada una aporta información crucial y, juntas, te dan una imagen muy clara del esfuerzo que te va a exigir.
Distancia total: Es lo primero que miramos, pero no puede ser lo único. No es lo mismo una ruta de 10 km llanos por un pinar, que es un paseo, que 10 km en alta montaña, que pueden convertirse en una jornada épica. La distancia es solo el lienzo sobre el que se pintan los otros dos factores.
Tipo de terreno: No tiene nada que ver caminar por una pista forestal ancha y lisa que avanzar por un sendero estrecho lleno de piedras, raíces o, peor aún, barro. Un terreno técnico no solo te obliga a ir mucho más despacio, sino que dispara el cansancio muscular y el riesgo de torceduras o caídas.
Desnivel acumulado: Aquí está el secreto, el factor que muchos principiantes pasan por alto y que lo cambia todo. Se mide en metros y es la suma de todas las cuestas que vas a subir (desnivel positivo) y bajar (desnivel negativo) durante el recorrido.
Para que te hagas una idea de cómo influyen estos factores, el siguiente esquema resume los tipos de trazado que ya vimos. Cada uno distribuye el esfuerzo de una manera distinta a lo largo del camino.

Como ves en la infografía, que una ruta sea circular, lineal o de ida y vuelta no es un detalle menor, ya que afecta tanto a la logística como a la percepción que tienes del esfuerzo.
El desnivel, la métrica que lo cambia todo
El desnivel positivo es el que de verdad te dice cuánto vas a sudar en las subidas. Piensa esto: una ruta con 300 metros de desnivel positivo equivale, más o menos, a subir las escaleras de un edificio de 100 pisos. Esta analogía tan simple ayuda mucho a visualizar el tute que le vas a dar al cuerpo.
Un perfil de ruta con muchas subidas y bajadas cortas y seguidas (lo que llamamos un "rompepiernas") puede ser mucho más agotador que una única subida larga y tendida, aunque el desnivel acumulado sea el mismo. La clave está en cómo se reparte ese esfuerzo.
Por eso, antes de lanzarte a una ruta de senderismo, no te quedes solo con los kilómetros. Busca siempre el perfil de la ruta: ese gráfico que parece una montaña rusa y que te enseña todas las subidas y bajadas. Te chivará dónde están las rampas más duras y si el recorrido se adapta de verdad a tu estado de forma. Analizar la distancia, el terreno y el desnivel te convertirá en un senderista mucho más consciente y preparado.
La planificación de tu ruta paso a paso
Una buena planificación es lo que separa una aventura inolvidable de un mal día en la montaña. Piénsalo así: si fueras el capitán de un barco, no te lanzarías al mar sin consultar el parte meteorológico o trazar un rumbo en el mapa, ¿verdad? Pues con una ruta de senderismo pasa exactamente lo mismo.
Dedicarle tiempo a esta fase no es una tarea aburrida, sino una inversión directa en tu seguridad y disfrute. Es el hábito que te permite anticipar problemas, gestionar tus energías y, al final, caminar con la tranquilidad de saber que tienes todo bajo control. Vamos a desglosar este proceso en pasos sencillos para que no se te escape nada.
Revisa la previsión meteorológica
Este es el primer paso y no es negociable. El tiempo en la montaña puede cambiar de forma radical en cuestión de minutos. Una mañana de sol puede convertirse en una tarde de tormenta, sobre todo en zonas altas.
No te conformes con echar un vistazo a la app del tiempo de tu móvil. Tienes que ir un poco más allá y consultar fuentes especializadas que ofrezcan previsiones por zonas concretas y a diferentes altitudes. Fíjate en estos datos clave:
- Temperatura prevista: No solo la máxima. Busca también la sensación térmica, que puede desplomarse por culpa del viento.
- Probabilidad de precipitación: Un 20% es asumible, pero si ves un 60%, es momento de replantear la salida o tener un plan B.
- Viento: La velocidad y la dirección son cruciales. Un viento fuerte agota muchísimo más y multiplica la sensación de frío.
- Horas de luz: Imprescindible saber a qué hora sale y se pone el sol para calcular tus tiempos y no quedarte a oscuras.
Estudia el mapa y el perfil de la ruta
Una vez que sabes que el tiempo va a acompañar, toca convertirse en detective del terreno. Hoy en día, con herramientas digitales como las que encuentras en Picuco, analizar una ruta es más fácil que nunca. No te limites a descargar el track y ya; estúdialo a fondo.
Aquí puedes ver cómo una buena plataforma te muestra la información clave de una ruta de forma visual y directa.
Este tipo de vista te permite localizar la ruta, ver su trazado sobre el mapa y acceder de un vistazo a detalles esenciales como la distancia y el desnivel.
Observa el mapa con lupa para identificar puntos importantes: fuentes donde rellenar la cantimplora, posibles escapatorias si algo sale mal, cruces de caminos clave, o zonas de refugio. El perfil de desnivel, ese gráfico que dibuja las subidas y bajadas, es tu mejor amigo para planificar el esfuerzo. Te chivará dónde están las cuestas más duras y dónde podrás recuperar el aliento.
Planificar una ruta es como leer el guion de una película antes de verla. Conoces la trama, los momentos de tensión y los giros inesperados, lo que te permite disfrutar mucho más de la experiencia sin sustos.
Calcula tus tiempos y planifica paradas
No te fíes a ciegas de los tiempos estimados que dan las aplicaciones. Cada persona tiene su ritmo. Aprende a calcular el tuyo. Un método sencillo y muy útil es la fórmula MIDE (Método de Información de Excursiones), que tiene en cuenta tanto la distancia como el desnivel.
Para simplificarlo, un senderista con un ritmo normal suele tardar una hora por cada 4 km en terreno llano. A ese tiempo, tienes que añadirle una hora extra por cada 400 metros de desnivel positivo que subas. Por ejemplo, para una ruta de 8 km con 400 metros de subida, calcularías 2 horas por la distancia más 1 hora por el desnivel. En total, unas 3 horas de marcha efectiva.
A este cálculo, súmale siempre el tiempo para las paradas: una breve cada hora para beber agua y estirar las piernas, y otra más larga para comer. Una planificación detallada es crucial, sobre todo en travesías de varios días. Si esto te interesa, puedes aprender mucho más en nuestra guía completa sobre una ruta circular de 3 días en los Pirineos, donde la gestión del tiempo lo es todo.
Informa a alguien de tus planes
Este último paso es un seguro de vida gratuito. Es sencillo, pero vital. Antes de salir, comparte siempre tu plan con un familiar o un amigo de confianza. Dale esta información:
- La ruta exacta que vas a hacer (si puedes, envíale el track).
- La hora a la que tienes previsto empezar.
- La hora estimada a la que deberías haber terminado.
- Un número de contacto por si surge una emergencia.
Así, si no das señales de vida a la hora prevista, esa persona podrá dar la voz de alarma a los servicios de emergencia (112), dándoles información clave que facilitará enormemente una posible operación de búsqueda y rescate.
El equipo esencial para disfrutar del senderismo

Preparar el equipo para salir a la montaña es como hacer la maleta para un viaje: lo que metes (y lo que dejas fuera) puede cambiar por completo la experiencia. No hace falta dejarse un dineral ni cargar con material digno de una expedición al Himalaya. La clave es la inteligencia.
Lo más importante es saber elegir lo que de verdad va a marcar la diferencia en tu comodidad y, sobre todo, en tu seguridad. Vamos a centrarnos en lo que de verdad importa, lo que te permitirá disfrutar de cualquier sendero con confianza.
El arte de vestirse como una cebolla: el sistema de capas
La montaña tiene sus propias reglas y una de ellas es que el tiempo cambia sin avisar. Puedes empezar con el frío de la mañana, sudar como un loco en plena subida y, al llegar a la cima, encontrarte con un viento que te congela. La solución es sencilla y se la conoce como el sistema de tres capas.
Primera capa (la que toca la piel): Su única misión es expulsar el sudor para que tu piel se mantenga seca. Para esto, necesitas una camiseta técnica de material sintético o de lana merina. Huye del algodón como de la peste: se empapa, tarda una eternidad en secar y te dejará helado a la mínima pausa.
Segunda capa (la que abriga): Esta es la que guarda tu calor corporal. Un forro polar o una chaqueta de fibra ligera son perfectos. Es la capa comodín, la que te quitas y te pones según apriete el esfuerzo o el frío.
Tercera capa (el escudo protector): Tu defensa contra el viento y la lluvia. Aquí entra en juego una chaqueta impermeable pero que también sea transpirable (las tipo Gore-Tex son el estándar). Un buen cortavientos es, sin duda, tu mejor aliado contra los elementos.
Dominar este sistema te da una versatilidad increíble para adaptarte sobre la marcha a lo que la montaña te depare.
Tus pies son el motor: la importancia del calzado
No nos andemos con rodeos: el calzado es la pieza más crítica de todo tu equipo. Unas zapatillas que te hacen daño no solo te amargan el día con ampollas, sino que pueden provocarte una torcedura o una caída seria.
La elección depende directamente del terreno que vayas a pisar. No es lo mismo un sendero forestal bien marcado que una cresta rocosa.
El calzado no es un gasto, es una inversión en seguridad. Unas buenas botas o zapatillas de senderismo te darán la confianza para pisar firme sobre cualquier terreno, protegiendo tus tobillos y absorbiendo los impactos.
Para ayudarte a decidir, aquí tienes una tabla con las opciones más comunes.
Comparativa de calzado para senderismo
Análisis de los diferentes tipos de calzado para elegir la opción más adecuada según el terreno y la ruta.
| Tipo de Calzado | Ventajas | Inconvenientes | Uso recomendado |
|---|---|---|---|
| Zapatillas de trekking | Ligeras, flexibles y muy cómodas. Perfectas para sentir el terreno. | Poca protección en el tobillo y menor durabilidad en terrenos abrasivos. | Rutas de un día por senderos sencillos, pistas forestales y terrenos poco técnicos. Ideal para buen tiempo. |
| Botas de caña media | Buen equilibrio entre sujeción del tobillo y flexibilidad. Más robustas. | Más pesadas y menos transpirables que las zapatillas. | El calzado más versátil. Ideal para terrenos irregulares, rutas de varios días con mochila ligera y media montaña. |
| Botas de caña alta | Máxima protección y sujeción del tobillo. Muy duraderas y estables. | Pesadas, rígidas y requieren un periodo de adaptación. | Alta montaña, terrenos muy rocosos o con nieve, y rutas largas con mochila pesada. |
Más allá del tipo, lo fundamental es que te las pruebes bien, con los calcetines que usarás, y te asegures de que no te roza ni aprieta en ningún sitio.
La mochila y ese "por si acaso" que te salva el día
Tu mochila es tu casa a cuestas. Para salidas de un día, una con una capacidad de entre 20 y 30 litros es más que suficiente para llevar todo lo necesario sin que sobre ni falte espacio. Busca una que se ajuste bien a tu espalda y que tenga cintas en el pecho y la cintura para repartir el peso y que no se mueva.
Dentro, además del agua y la comida, hay una serie de cosas que nunca, nunca, deberían faltar. No es por ser alarmista, sino por pura previsión.
Este es tu kit básico de seguridad:
- Botiquín de primeros auxilios: Algo para limpiar una herida, tiritas, gasas y, por supuesto, apósitos para las ampollas.
- Teléfono móvil con batería a tope: Y si tienes una batería externa, échala también. La cobertura puede fallar, pero para una emergencia es vital.
- Navaja multiusos: No pesa nada y te puede sacar de mil apuros.
- Frontal o linterna: Aunque salgas de día. Un pequeño percance o un error de cálculo puede hacer que la noche se te eche encima.
- Mapa y brújula (o un GPS): No confíes tu seguridad únicamente a la cobertura del móvil. Saber orientarte de forma tradicional es una habilidad fundamental.
Llevar este equipo te da una tranquilidad que no tiene precio. Si quieres profundizar y ver listas más detalladas para cada época del año, echa un vistazo a nuestra guía sobre tu mochila esencial para senderismo en otoño, donde encontrarás un montón de consejos prácticos.
Seguridad y respeto por el entorno natural
Meterse en una ruta de senderismo es mucho más que hacer ejercicio. Es un pacto con la naturaleza que tiene dos caras: por un lado, tienes que cuidarte tú; por otro, tienes la responsabilidad de proteger el entorno que te acoge. Estos dos pilares, seguridad y sostenibilidad, no se pueden separar y son lo que define a un senderista de verdad.
Salir a la montaña es un privilegio, y eso implica aprender a cuidarse y a cuidar. No se trata de tener miedo, sino de ir preparado. Saber cómo reaccionar ante un imprevisto puede convertir lo que podría ser un problema en una simple anécdota del camino.
Tu seguridad es lo primero
Hasta en la ruta más sencilla pueden surgir contratiempos. Una torcedura de tobillo, un cambio brusco de tiempo o perderse un momento son cosas que pasan más a menudo de lo que parece. La clave es no perder la calma y tener un plan.
Si en algún momento crees que te has perdido, acuérdate de la regla P.A.R.A.:
- Para: Detente en seco. No sigas caminando a lo loco, porque lo más seguro es que te alejes todavía más del sendero.
- Analiza: Echa un vistazo a tu alrededor. ¿Reconoces algún pico, un árbol singular o algo que hayas visto antes en el mapa?
- Reflexiona: Intenta recordar cuál fue el último punto conocido en el que estuviste. ¿Puedes volver sobre tus pasos de forma segura?
- Actúa: Si no consigues orientarte, busca un sitio seguro y fácil de ver desde lejos. Ahora sí, es el momento de coger el móvil y llamar al número de emergencias 112.
Lleva siempre el móvil con la batería cargada al 100% y, si tienes una, una batería externa. Aunque no tengas datos para navegar por internet, la llamada al 112 casi siempre funciona.
La mejor herramienta de seguridad es la prevención. Una buena planificación, un equipo adecuado y la prudencia durante la marcha son tus mayores aliados para evitar cualquier contratiempo en tu ruta de senderismo.
El arte de no dejar huella
Disfrutar de la naturaleza lleva implícito el compromiso de conservarla tal y como la encontramos. La filosofía "No Dejes Rastro" (Leave No Trace) es una guía ética muy simple que nos enseña a minimizar nuestro impacto cada vez que salimos. Se resume en siete principios, pero la idea central es muy clara: que nadie que venga detrás sepa que has estado allí.
Y esto no es solo no tirar basura. Significa respetar a los animales, caminar siempre por los senderos marcados para no dañar el suelo y dejar cada piedra y cada planta en su sitio.
Aquí tienes unos consejos prácticos para convertirte en un guardián del paisaje:
- Llévate toda tu basura: Todo lo que entra en tu mochila contigo, vuelve contigo. Esto incluye las pieles de fruta y otros restos orgánicos, que en algunos ecosistemas tardan una eternidad en descomponerse.
- Respeta a la fauna: Observa a los animales a distancia y, por favor, nunca les des de comer. Cambiar su dieta o hacer que se acostumbren a nosotros les perjudica seriamente.
- Minimiza el impacto de las fogatas: Mejor si no haces fuego. Si es absolutamente necesario, busca zonas habilitadas para ello y asegúrate de que queda completamente apagado antes de irte.
Ser un senderista respetuoso no solo protege el entorno, sino que hace tu experiencia mucho más rica y profunda. Te conecta de verdad con el paisaje, de una forma parecida a lo que se busca en prácticas como los baños de bosque en España, donde la inmersión consciente en la naturaleza es el objetivo. Cada paso que das en una ruta de senderismo deja una huella; de ti depende que sea invisible.
Rutas de senderismo que te dejarán sin palabras en España

España es un auténtico patio de recreo para los que amamos la naturaleza. Un territorio donde cada ruta de senderismo es una historia nueva, esperando a ser contada. Imagina pasar de las cumbres nevadas de los Pirineos a las calas volcánicas de Canarias; la variedad es tan brutal que siempre hay un nuevo camino por descubrir.
Esta sección es una invitación a la aventura, un pequeño aperitivo de algunos de los itinerarios más espectaculares que te esperan ahí fuera. No se trata solo de darte ideas, sino de despertar esa chispa que te haga atarte las botas y salir a explorar la increíble red de senderos que recorre el país.
El interés por el senderismo no para de crecer, y eso se nota en la calidad y señalización de los caminos. De hecho, España ha superado por primera vez los 1.000 kilómetros de Senderos Azules certificados, con 154 itinerarios premiados en todo el territorio. Este dato no es solo un número, refleja un compromiso real por cuidar y dar a conocer nuestros espacios naturales.
La espectacularidad de la alta montaña
Para los que buscáis emociones fuertes y paisajes de los que quitan el hipo, nuestras cordilleras son un tesoro. Son escenarios donde la naturaleza se muestra en su estado más puro y salvaje.
La Ruta del Cares (Picos de Europa, Asturias/León): La llaman la "Garganta Divina", y con razón. Es una de las rutas más famosas de España y un auténtico imprescindible. El sendero, de unos 12 km (solo ida), está literalmente tallado en la roca y recorre un desfiladero que te dejará boquiabierto. Su dificultad es media, no tanto por el desnivel, sino por la distancia y algún que otro tramo expuesto donde hay que ir con ojo. Caminar entre paredes de roca de cientos de metros es una experiencia que se te queda grabada.
Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido (Pirineos, Huesca): Este lugar es una maravilla. Aquí tienes de todo, desde el paseo familiar hasta la Cola de Caballo hasta ascensiones que ponen a prueba tus piernas. La ruta clásica del valle de Ordesa es un espectáculo de cascadas, bosques de hayas y praderas alpinas, siempre con el imponente macizo de Monte Perdido vigilando desde arriba.
Senderos que abrazan el mar
Caminar junto al mar es otra historia. Es mezclar el esfuerzo físico con la brisa salada y vistas que se pierden en el infinito. Nuestras costas están repletas de caminos que serpentean por acantilados y te descubren playas vírgenes.
Una ruta de senderismo costera es una terapia para los sentidos. El sonido de las olas, el olor a salitre y la inmensidad del horizonte se unen para darte una sensación de paz y libertad difícil de igualar.
El Camí de Cavalls en Menorca es el ejemplo perfecto. Este sendero histórico de 185 km rodea toda la isla y está dividido en 20 etapas. Puedes hacer pequeños tramos para descubrir calas turquesas a las que es imposible llegar en coche, faros solitarios y paisajes mediterráneos de una belleza que abruma.
Joyas naturales en el sur
Andalucía también juega fuerte con sus contrastes, desde sierras escarpadas hasta valles llenos de vida. ¿Un ejemplo? La famosa ruta del Río Chillar en Nerja (Málaga), una caminata acuática ideal para el verano. La aventura consiste en avanzar por el cauce del río, con el agua por los tobillos, atravesando cañones estrechos y descubriendo pozas de agua cristalina. Es refrescante, divertida y perfecta para hacer en familia.
Si te apetece explorar más por esta zona, no te pierdas nuestra selección de rutas de senderismo en Sevilla, con opciones fáciles y difíciles para todos los niveles.
Dudas frecuentes antes de lanzarte a la montaña
Cuando uno empieza, las dudas son las primeras compañeras de viaje. Es normal. Aquí resolvemos algunas de las preguntas más típicas que todos nos hemos hecho alguna vez, para que prepares tu aventura con la seguridad de quien ya lleva kilómetros en las botas.
¿Puedo ir con mis zapatillas de correr de toda la vida?
Aunque para una ruta facilita pueda parecer tentador, no es una buena idea. Las zapatillas de deporte están pensadas para el asfalto o superficies lisas, y en la montaña les faltan tres cosas clave: un buen agarre en la suela para no resbalar en tierra o roca, la sujeción necesaria para protegerte el tobillo de torceduras y una mínima protección contra las piedras y raíces del camino.
Hacerte con un calzado específico de senderismo es, sin duda, la mejor inversión en tu seguridad y en tu comodidad. Tus pies te lo agradecerán al final del día.
¿Cuánta agua meto en la mochila?
La hidratación en el monte no es negociable. Como regla general, calcula un mínimo de 1.5 litros por persona para una ruta de media jornada. Si el plan es echar el día completo, hace calor o la ruta es exigente, sube esa cifra a 2 litros o incluso más.
Grábate a fuego esta máxima del montañero: siempre es mejor que sobre agua a que falte. La deshidratación es uno de los mayores peligros ahí fuera y puede aparecer mucho antes de lo que imaginas, afectando a tu energía y, lo que es peor, a tu capacidad de tomar buenas decisiones.
¿Qué hago si creo que me he perdido?
Lo primero, lo más importante y a veces lo más difícil: que no cunda el pánico. La cabeza fría es tu mejor herramienta. Para gestionar la situación, aplica la sencilla regla P.A.R.A.:
- Para: Detente en el sitio. No sigas caminando a lo loco, porque solo empeorarás las cosas.
- Analiza: Echa un vistazo a tu alrededor. Saca el mapa o el GPS y intenta identificar alguna referencia que te sitúe.
- Reflexiona: Tira de memoria. Intenta volver sobre tus propios pasos hasta el último punto del camino del que estabas completamente seguro.
- Actúa: Si no consigues reorientarte, no te la juegues. Busca un lugar seguro y visible, quédate quieto y llama al teléfono de emergencias 112. Intenta darles tu ubicación con la mayor precisión posible.
Seguir estos pasos te ayudará a mantener el control y a gestionar la situación de la forma más segura y ordenada.
En Picuco, te echamos una mano para que encuentres la ruta de senderismo que va contigo, dándote toda la información que necesitas para planificar tu salida de forma segura y consciente. Descubre tu próxima escapada en Picuco.
