Conjunto de cuatro esculturas zoomorfas de granito talladas por los vetones entre los siglos IV y I a.C. Estos verracos — toros y cerdos estilizados — son el ejemplo más conocido de la escultura prerromana de la Meseta. Situados en una dehesa al pie de la Sierra de Gredos, su función exacta sigue siendo debatida: marcadores territoriales, protección de ganado o función funeraria. En este mismo lugar se firmó en 1468 el Tratado de los Toros de Guisando, por el que Isabel la Católica fue reconocida como heredera de Castilla. Un monumento donde la prehistoria y la historia de España se encuentran en un paisaje de encinas y granito.