El Parque Natural de la Tinença de Benifassà ocupa el extremo norte de la provincia de Castellón, allí donde las sierras turolenses y tarraconenses se encuentran para dibujar un relieve abrupto de calizas y pizarras. Con una extensión de 31.753 hectáreas y altitudes que van desde los 400 metros del barranco del Sénia hasta los 1.236 metros del Turmell, este macizo concentra una de las mayores densidades forestales del Mediterráneo occidental. El aire en los claros huele a boj y tomillo, mientras que en el fondo de los barrancos el frescor del agua arrastra olor a musgo y tierra mojada. El parque permanece ajeno al turismo masivo en gran medida por su difícil acceso: solo una red de carreteras comarcales y pistas forestales conecta los seis núcleos habitados dispersos por el territorio.
La vegetación refleja la posición limítrofe del parque entre el dominio mediterráneo y el eurosiberiano. En las laderas bajas dominan el pino rodeno (Pinus pinaster) y el alcornoque, con sotobosque de jara pringosa (Cistus ladanifer) y aladierno. A partir de los 800 metros, el quejigo (Quercus faginea) y el roble pubescente ganan protagonismo, mezclados con arce de Montpellier y nogales asilvestrados en los fondos de valle. Las riberas del río Sénia y sus afluentes —el Barranc dels Molins, el riu Ulldemó y el barranc de la Valltorta— albergan galerías de álamo temblón, fresno de hoja estrecha (Fraxinus angustifolia) y sauce blanco. En primavera florecen en los prados mesófilos orquídeas silvestres como la Orchis mascula y la Anacamptis pyramidalis, cuyas espigas rosadas aparecen entre la hierba antes de que llegue el calor.
La fauna incluye rapaces emblemáticas del Mediterráneo montano. El águila perdicera (Aquila fasciata) cría en los cortados calcáreos del interior, y el buitre leonado (Gyps fulvus) utiliza las corrientes térmicas de los barrancos para planear durante horas sin un aleteo. En el estrato arbóreo nidifica el pico picapinos (Dendrocopos major), cuyo tamborileo reconocerás desde lejos en los rodales de pino rodeno. Entre los mamíferos, el corzo (Capreolus capreolus) habita las zonas de robledal húmedo; la nutria (Lutra lutra) se ha reestablecido en el Sénia tras la mejora sostenida de la calidad del agua en las últimas décadas. Los barrancos húmedos concentran una herpetofauna diversa: salamandra común (Salamandra salamandra), tritón jaspeado (Triturus marmoratus) y rana patilarga (Rana iberica), que necesita agua limpia y fría para reproducirse.
El patrimonio cultural entreteje la historia monástica con la hidráulica rural. El monasterio de Benifassà, fundado por la orden del Císter en 1233 por privilegio de Jaime I, fue el núcleo colonizador de toda la comarca. Sus restos y la iglesia restaurada de estilo gótico cisterciense vertebran el recorrido histórico principal. En torno a él, seis poblaciones —Fredes, La Pobla de Benifassà, Coratxar, Ballestar, El Boixar y Castell de Cabres— conservan arquitectura popular de piedra seca y sistemas de acequias que aún irrigan huertos de terrazas. El molino medieval de Molins de Racó, restaurado y visitable, ilustra cómo el agua del Barranc dels Molins movía la economía agrícola durante siglos. Los GR-7 y PR-CV-155 conectan todos estos núcleos en rutas de entre 8 y 22 kilómetros, con desniveles que oscilan entre los 200 y los 700 metros acumulados.