El Paisaje Protegido de la Sierra de Bèrnia y Ferrer abarca 1.900 hectáreas entre los municipios de Callosa d'en Sarrià, Tàrbena, Alcalalí, Xaló, Benissa, Calp y Altea, en la provincia de Alicante. La Generalitat Valenciana otorgó esta figura de protección en 2006, y la sierra está además catalogada como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC). La cresta principal de Bèrnia se prolonga durante más de 3 kilómetros a cotas cercanas a los 1.000 metros, con su punto culminante en el Pico de Bèrnia a 1.128 m de altitud. Desde la cumbre, en los días de buena visibilidad, la vista abarca la costa de Altea y Benidorm, la silueta de la isla de Ibiza en el horizonte y, hacia el interior, las montañas de la comarca de la Marina Alta.
La ruta circular de la Sierra de Bèrnia es una de las más completas de la provincia de Alicante. El recorrido parte de Cases de Bèrnia, un caserío rural a los pies de la cumbre en la cara norte, y cubre unos 11 km con un desnivel acumulado cercano a los 500 m en unas 5 horas. El punto más singular de la ruta es el Forat de Bèrnia, un túnel natural kárstico de unos 15 metros que atraviesa la sierra de norte a sur, esculpido por la disolución de la roca caliza. Cruzarlo obliga a agacharse y trepar brevemente, y al salir por la cara sur se abre una panorámica vertical hacia el Mediterráneo que produce vértigo. Una versión más corta de 5 km permite alcanzar el Forat y regresar en 2-3 horas, siendo apta para familias con niños a partir de 8-10 años.
A mitad de la ruta circular se encuentran los restos del Fort de Bèrnia, una fortificación renacentista en forma de estrella construida en 1562 por el ingeniero Giovanni Battista Antonelli por orden de Felipe II. El fuerte se levantó para vigilar la costa frente a incursiones de piratas berberiscos y para disuadir posibles levantamientos de la población morisca. Tras la expulsión de los moriscos en 1609, la instalación fue desmantelada en 1613. Los muros perimetrales y los baluartes aún se conservan y el conjunto está declarado Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1997. La combinación de patrimonio histórico y paisaje natural hace de este tramo de la ruta un punto de pausa obligado.
La flora mediterránea domina las laderas: pino carrasco, encina, madroño y romero en las zonas bajas; matorral de coscoja y lentisco en las partes más expuestas al sol. Los acantilados verticales de la cresta sirven como zona de nidificación para rapaces: el águila perdicera, el halcón peregrino y el búho real crían en las paredes rocosas. La cabra montesa se mueve por los riscos con facilidad, y el lagarto ocelado y la culebra bastarda habitan las zonas de matorral soleado. Para los fotógrafos, los amaneceres desde la cresta, con la niebla de mar ascendiendo por la cara sur mientras los primeros rayos iluminan los acantilados, ofrecen condiciones de luz difícil de encontrar en otras sierras litorales de la península. Las localidades cercanas de Benissa, Altea y Calp complementan la experiencia con oferta gastronómica de arroces marineros y pescados de lonja, y el acceso a playas y calas de aguas transparentes a menos de 20 minutos en coche del punto de inicio de las rutas.