El Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche ocupa 186.827 hectáreas en el extremo noroccidental de la provincia de Huelva, conformando uno de los espacios protegidos más extensos de Andalucía. La sierra se alza como una barrera natural entre la depresión del Guadalquivir y la frontera portuguesa, con altitudes que oscilan entre los 300 y los 1.085 metros del pico de San Cristóbal. El relieve, modelado sobre un sustrato de pizarras y cuarcitas del Paleozoico, se organiza en valles amplios y sierras de perfil redondeado donde la dehesa de encinas y alcornoques define el paisaje dominante.
La dehesa —ese ecosistema agrosilvopastoril donde los árboles se podan y espacian para permitir el pasto debajo— alcanza aquí una de sus expresiones más completas. Bajo las copas de encinas (Quercus ilex) y alcornoques (Quercus suber) pacen los cerdos ibéricos de raza retinta durante la montanera, entre octubre y febrero, alimentándose de las bellotas que caen al suelo. Este ciclo estacional determina la producción del jamón ibérico de bellota de Jabugo, una denominación de origen que ha convertido a este rincón de Huelva en referencia gastronómica internacional. El olor a leña de encina y a grasa curada impregna las calles de los pueblos bodegueros cuando el frío aprieta en diciembre.
Los castañares constituyen la segunda masa forestal en importancia. Más de 4.000 hectáreas de castaños (Castanea sativa) cubren las umbrías y vaguadas más húmedas, formando bosques cerrados donde el sol apenas penetra en verano. En otoño, las castañas alfombran el suelo junto a las hojas doradas, y los habitantes de Aracena, Castaño del Robledo y Fuenteheridos organizan jornadas de recogida que continúan una tradición secular. La Gruta de las Maravillas, bajo el cerro del Castillo de Aracena, despliega 2.130 metros de galerías visitables con lagos subterráneos, estalactitas y estalagmitas formadas en calizas cámbricas, ofreciendo un contraste geológico con el paisaje pizarroso de la superficie.
La fauna incluye especies emblemáticas de la media montaña mediterránea occidental. La cigüeña negra, más esquiva que su pariente blanca, nidifica en cortados rocosos aislados y se alimenta en arroyos y charcas de la dehesa. El buitre negro mantiene una colonia reproductora en la sierra, complementando la presencia habitual de buitres leonados. El lince ibérico ha sido detectado en los últimos años en las zonas fronterizas con Portugal, ampliando su área de distribución desde Sierra Morena. Mamíferos como el meloncillo, la nutria, el gato montés y la jineta campean por arroyos y bosques, mientras el ciervo y el muflón ocupan las fincas cinegéticas más extensas.
La red de pueblos blancos que salpican la sierra suma más de 30 municipios, cada uno con su propia personalidad arquitectónica y gastronómica. Aracena, capital de la comarca, combina el castillo almohade, la iglesia prioral y la Gruta de las Maravillas. Alájar conserva la Peña de Arias Montano, un mirador natural sobre la dehesa asociado al humanista del siglo XVI. Linares de la Sierra mantiene un empedrado artístico en sus calles que reproduce motivos geométricos con guijarros de cuarzo y pizarra. Cortegana y Almonaster la Real exhiben fortalezas medievales y una mezquita del siglo X, respectivamente, testimonios de la convivencia cultural que marcó estos territorios de frontera.
Las rutas de senderismo superan los 800 kilómetros señalizados, incluyendo el GR-48, que atraviesa Sierra Morena de este a oeste. Los caminos conectan pueblos en etapas de 10 a 20 kilómetros por pistas de dehesa, veredas de trashumancia y antiguos caminos reales empedrados. La bicicleta de montaña cuenta con rutas específicas que aprovechan las pistas forestales y los caminos ganaderos. En primavera, las riberas del río Múrtigas y del arroyo Galaroza se llenan de adelfas en flor, y los prados bajo la dehesa se cubren de margaritas y jaramagos amarillos.